Sesión del miércoles 29 de marzo de 2017
En esta sesión vimos una parte del programa Chester in Love, concretamente uno de
ellos que trata sobre educación. Primero, echamos un pequeño vistazo a la
intervención de Eva Hache y seguidamente, observamos la comparativa o mejor dicho, la contraposición entre dos tipos de docentes, que bien podrían representar la vieja y la nueva educación, aunque con pequeños
matices. Antes, se debe destacar la introducción en la que narra Risto Mejide:
"la educación, dicen, que es por donde empieza el desarrollo de cualquier
país" y, efectivamente, así es. La educación afecta a toda la sociedad y
es una parte fundamental de ella, además determina la calidad y el progreso de una nación, por lo que se
debe tener más en cuenta y no invertir en ella supone un grave riesgo.
En
el fragmento que vimos en clase, Eva Hache junto con Risto Mejide
comparten unos minutos con Ricardo Moreno. Este hombre es un escritor y
catedrático de instituto jubilado con una visión bastante conservadora y
tradicional de lo que debe ser la educación. Hay ciertos aspectos con los que
sí estoy de acuerdo con él, sin embargo, otros con lo que no coincido en
absoluto. El tema principal que trató en su intervención, titulada “Yo creo en
el esfuerzo” fue el engaño en el que se basa nuestro sistema educativo actual.
Asimismo, trató los temas que abarcan esta farsa y las piezas que la componen:
la motivación y el espíritu crítico como elementos sobrantes y, la disciplina y
la rigidez o ser estrictos como únicas características fundamentales. Además,
también criticó el aprendizaje por descubrimiento.
Ricardo Moreno comienza con una frase impactante: “nuestro
sistema educativo se basa en el engaño”.
A lo largo de su participación desgrana esta afirmación poco a poco. En primer
lugar, comenta que el esfuerzo, el trabajo y el conocimiento se ocultan y dan
paso, las destrezas, el espíritu crítico y la creatividad. Personalmente, pienso que ambas partes van de la mano y se trata de
encontrar un equilibro. El
conocimiento es igual de importante que la creatividad, por poner un
ejemplo. A pesar de ello, me quedo con una declaración muy interesante: "
un fanático es un crítico sin experiencia" ya que, “el espíritu crítico
sin conocimiento es charlatanería”. Respecto a esta idea, estoy completamente
de acuerdo porque el pensamiento crítico
va ligado de forma inseparable por los conocimientos. Y aprender a pensar
de forma crítica, es muy importante,
pero poseer argumentos sólidos e información contrastada, también lo es. E,
indudablemente el conocimiento se consigue con esfuerzo, y esté hay que inculcarlo en nuestros
alumnos, pero no hay porque pasar un mal trago.
Respecto a la comparación entre preparar la comida y
completar las tareas, cabe decir que es muy ilustrativa porque estudiar es la obligación de los alumnos.
No obstante, vamos a ponérselo más fácil, que no quiere decir que trabajen
menos, ojo. Se trata de, por ejemplo hacer las clases más dinámicas o que
colaboren y realicen proyectos de forma cooperativa. Tampoco me parece correcta la afirmación de las normas que aplicaba en
su aula. Estas eran:
1.
El profesor siempre
tiene razón
2.
Aplica la norma 1.
Yo sostengo firmemente que el profesor y los alumnos deben
ser un equipo. Ambas partes se deben
ayudar y organizar para conseguir un
objetivo: aprender y por supuesto, formarse como personas. Por ello y, porque
pienso que la visión del profesor como “dictador” o única voz, está fuera de
lugar y, para que los propios estudiantes cumplan las normas las deben redactar
ellos mismos, me parece totalmente inconcebible las dos reglas absurdas que
aplica. La rigidez no es buena, con ello no quiero decir que no haya que ser
estrictos, si no que no se debe abusar del poder y es preferible tener en
cuenta a los alumnos –sus opiniones e intereses – pues son los protagonistas de
la educación.
Asimismo, en relación a la motivación, que según él dice, no es necesaria, porque primero se
aprende por obligación y luego se le coge el gusto, no estoy de acuerdo. En mi
opinión, se deben presentar ambos aspectos a la vez, la motivación junto con
esfuerzo. Pues se pueden presentar las asignaturas menos motivantes de forma
más atractiva, utilizando metodologías de aprendizaje efectivas, como por
ejemplo el aprendizaje cooperativo, que seguramente beneficiarán a todos el
alumnado.
En cuanto a la crítica que Ricardo Moreno defiende en
contra del aprendizaje por
descubrimiento, es importante señalar que, es bien cierto que “no se puede
pretender enseñar aquello que la humanidad ha tardado siglos en descubrir”, los
alumnos sí pueden aprender por sí mismos algunos conocimientos específicos o
más sencillos, como por ejemplo la fotosíntesis, es decir hay que asegurarse
que para comprender conceptos ellos
mismos, deben ser accesibles o sencillos y
por ende, fáciles de descubrir, porque afianzarán los conocimientos mucho mejor –esta afirmación parte de mi experiencia
personal, ya que en el cuatrimestre pasado recibí una asignatura en la que todo
era aprendizaje por descubrimiento y aunque fue complicado, los conocimientos y
destrezas que aprendí se consolidaron mucho más que si lo hubiese estudiado de
un libro, pues tuvimos que involucrarnos completamente en la elaboración de las
ideas–. Es destacable señalar también que a pesar de las dificultades es un
proceso muy beneficioso por la comprensión que se adquiere. Por ello, una vez
más, se trata de equilibrio, se
deben adaptar los tiempos escolares
según sea más conveniente utilizar el aprendizaje por descubrimiento u otra
metodología de aprendizaje.
Resumiendo, la intervención de este catedrático de
instituto me dejó un sabor agridulce puesto que estoy de acuerdo con ciertos
planteamientos suyos, como ser estrictos pero no desde el sentido que él
adopta. Como he comentado anteriormente, se puede ser exigente pero fomentando
un buen clima de aula, la participación de los alumnos, el aprendizaje
cooperativo, etc. Además, posee ciertas creencias que para mí están ancladas en
el pasado, véase “el profesor siempre tiene razón”, este tipo de concepciones
impiden avanzar hacia una educación más enriquecedora y alrededor del alumno
como personaje principal.
Seguidamente, invitaron a César Bona, un maestro de Zaragoza que sin
proponérselo ha servido de inspiración para muchos docentes y que representa,
tal y como dicen, la voz de la nueva
docencia. Se trata de un profesor joven e innovador con el que me identifico totalmente y con el que coincido
en todas sus reflexiones sobre educación. Estuvo nominado al Global Teacher
Prize, conocido como “el Nobel de los profesores” y este año también ha
estado otro español, David Calle, cuyas aportaciones mediante su canal de YouTube de Unicoos le han servido para alcanzar
esta distinción. Personalmente, es una referencia, son ganas de trabajar,
sentido común y deseos de cambiar la educación.
César Bona
cuando define educación, habla de pasión
y de 3 elementos esenciales que deben aprender
los niños en la escuela: respeto,
compromiso y responsabilidad. Además, es fundamental enseñar a los niños y
niñas que no somos entes individuales, si no que vivimos dentro de una
sociedad, por lo que es importantísimo desarrollar valores como la empatía y
también, sin lugar a dudas el progreso personal. Por ello argumenta que la educación es más que meter datos en la cabeza, son valores, formar personas, defender los
derechos humanos, es decir compromiso social. La educación siempre debe ir de
la mano de la palabra respeto, es la
palabra más trascendental.
También comenta
de la importancia de la exigencia. Sin
embargo, él no sostiene –a diferencia de Ricardo Moreno– que primero no se
aprende por obligación y luego por gusto. Su interpretación lleva de la mano a
la motivación y al esfuerzo, puesto que si estimulas a tus alumnos, ellos
trabajarán. En otras palabras, la clave es el balance,
el equilibrio entre trabajo y motivación.
Y se debe ser autoexigente con nosotros mismos y con los demás, pero que como
digo la exigencia no tiene por qué estar reñida con el cariño. Es primordial
exigir a nuestros alumnos – “yo le exijo a
mis alumnos” –, ya que no podemos conformarnos con ser mediocres, no aspirar a más. Debemos
dar lo mejor de nosotros mismos. Respecto a la mediocridad, que es un grave
problema, recomiendo leer un artículo muy interesante.
Tras esta
introducción se preguntan, ¿qué es lo que realmente necesitan los niños? ¿Y qué
es un buen o un mal profesor? Ellos mismos dicen que quieren un profesor que “te
ayuda cuando lo necesitas” y que “aprendas mientras te diviertes”. Es decir, los alumnos requieren: ser escuchados, queridos y, necesitan ayuda en los momentos
difíciles. Pero es importante darse
cuenta, saber acercarse a ellos para que te lo cuenten o conseguir la confianza
necesaria para que te lo diga sin rodeos.
Además, tratan
el tema de los castigos, César Bona defiende que los castigos no son la solución, ante la desobediencia o cualquier
otro motivo, porque normalmente hay una coyuntura detrás de ese alumno que le
ha hecho actuar de forma incorrecta. En efecto, si un niño
llama la atención es porque algo pasa. Por consiguiente nos corresponde a los
docentes educar en el respeto y en la humildad. Y mediante el
diálogo y la paciencia se puede encaminar a los alumnos hacia nuestros objetivos.
También es significativa e incorrecta, desde mi punta vista, la tan manida expresión: “Se educa
en casa, se enseña en la escuela”. Debido a que, del mismo modo, educa el
entorno, los amigos, los medios de comunicación, los profesores, al igual que
la familia. De esta forma “tú no moldearás el carácter de mi hijo” no pienso
que sea una idea correcta, porque no representa la realidad, ya que por ejemplo
los docentes tenemos una enorme influencia en nuestros alumnos y sin ni
siquiera intentarlo, con pequeños gestos, marcamos su forma de ser de manera
involuntaria. De modo que, podemos contribuir en su personalidad y, considero que
es una tarea tanto de la familia como de la escuela.
Todavía cabe destacar una de las iniciativas que César Bona
lleva a cabo y, consiste en que los estudiantes deben subirse encima de la mesa para exponer un tema que han investigado
y preparado. Este tipo de actividades es fundamental, muy útil para aprender a
hablar en público además de, poseer beneficios como confiar en uno mismo y
aprender a exponer sus emociones y argumentos.
Por último, merece la pena comentar el gran papel que
tienen las tutorías pero que
lamentablemente, olvidamos. Son de gran utilidad para prevenir y evitar el acoso escolar,
que va antes que erradicarlo. Pero, ¿cómo? Pues creando dinámicas de grupo y conociéndose entre compañeros, para
escuchar, valorar las diferencias, etc. Ante esto, cabe decir que a los
docentes nos falta mucha formación sobre este tema y con la
incorporación de las nuevas tecnologías se ve agravada esta problemática. No
obstante, esta propuesta es muy favorable.
En definitiva, la
educación tiene un gran peso en la sociedad, porque te permiten formarte como
persona. Sin embargo, las maneras de enseñar y educar son variables porque
dependen de múltiples factores como el contexto familiar, socioeconómico,
cultural, por ello deben estar siempre en constante cuestionamiento. Y esa es
una de las razones por la que la tarea de un maestro dista mucho de ser
sencilla. Por todo lo expuesto en este breve
comentario, los niños tienen que aprender a ser felices, a ser críticos, a
estar motivados pero también es su obligación conocer el valor del esfuerzo, de
la constancia, de la disciplina y de la excelencia personal. Disciplina y
motivación van unidos, están igualados porque los extremos nunca son buenos. Además
es nuestra tarea encontrar el talento de cada niño y formarlos como, lo que son
“los habitantes del presente”.




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